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El estrés crónico eleva los niveles de cortisol, lo que puede alterar el ciclo capilar y aumentar la caída del cabello. El cortisol afecta negativamente la circulación sanguínea, limitando el flujo de nutrientes esenciales a los folículos capilares, lo que acelera la fase de caída (efluvio telógeno). Además, el estrés prolongado puede interferir con el sueño y desequilibrar otras hormonas, empeorando la alopecia. Sin embargo, la caída relacionada con el estrés puede ser reversible si se reduce el estrés y se adoptan hábitos de vida saludables.


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