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Se suele decir que el impacto es malo para el cuerpo. Pero en realidad, el cuerpo se construye gracias a él.
El impacto, entendido como el estímulo que recibe nuestro sistema musculoesquelético a través del movimiento y la actividad física, es esencial para desarrollar huesos fuertes y mantenerlos a lo largo del tiempo.

El 90 % de la masa ósea se forma antes de los 20 años, una etapa clave en la que el ejercicio y la alimentación adecuada determinan la salud ósea futura.
A partir de los 30 años, los huesos ya no crecen, pero pueden mantener su densidad si continúan recibiendo estímulo.
Cada año sin actividad física, el hueso puede perder hasta un 5 % de su densidad, aumentando el riesgo de fracturas y osteoporosis.

Mantener una vida activa, incorporar ejercicios de impacto moderado como caminar, saltar, correr o bailar, y cuidar la alimentación con suficiente calcio y vitamina D son pilares para sostener una buena salud ósea a lo largo de la vida.

El impacto adecuado no daña: fortalece y construye.



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