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Cuando hablamos de creatina, es común asociarla directamente con el entrenamiento físico y el aumento de masa muscular. Sin embargo, su impacto va mucho más allá del gimnasio: estudios recientes revelan que también podría tener efectos positivos sobre la salud mental.

Investigaciones científicas sugieren que la creatina puede mejorar funciones cognitivas como la atención y la memoria, e incluso desempeñar un papel complementario en el tratamiento de la depresión. Un estudio clínico publicado en el Journal of Clinical Psychopharmacology (Roitman et al., 2007) mostró que pacientes con depresión resistente experimentaron mejores resultados al sumar creatina a su tratamiento habitual.

Este efecto se explica por el rol fundamental de la creatina en la producción de energía celular. El cerebro, uno de los órganos que más energía consume, depende en gran parte del ATP —la principal fuente de energía celular— para funcionar correctamente. La creatina actúa facilitando la regeneración de ATP, lo que puede ayudar a disminuir síntomas como la fatiga, la niebla mental, la falta de concentración y el estado de ánimo bajo.



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