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La amenorrea en mujeres deportistas de alto rendimiento es una condición frecuente que suele estar vinculada al equilibrio entre la energía disponible, el volumen de entrenamiento y la regulación hormonal.

Uno de los factores más importantes es la baja disponibilidad energética, que ocurre cuando el gasto calórico por el entrenamiento supera la ingesta de alimentos. Esta situación puede presentarse incluso en atletas con peso normal y genera alteraciones en el eje hipotálamo-hipófisis-ovario, lo que puede detener la menstruación.

El alto volumen e intensidad del entrenamiento también aumenta el riesgo, especialmente en disciplinas donde la delgadez es valorada o requerida, como la gimnasia, el ballet, el running de fondo o el patinaje artístico.

Otro elemento relevante es la baja composición de grasa corporal. Un porcentaje reducido de grasa puede afectar la producción hormonal, mientras que la recuperación del ciclo menstrual suele asociarse a un aumento de la masa grasa.

Los trastornos de la conducta alimentaria, como la restricción calórica o la anorexia, incrementan el riesgo y pueden asociarse a complicaciones como baja densidad ósea y fracturas por estrés.

A esto se suman el estrés psicológico, producto de la exigencia deportiva y personal, y la historia menstrual previa, como la menarquia tardía o los ciclos irregulares, que pueden aumentar la probabilidad de amenorrea y dificultar su recuperación.

Comprender estos factores es clave para promover un entrenamiento saludable y proteger la salud reproductiva y ósea de las atletas.



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