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La vitamina D cumple un rol fundamental en la salud ósea, muscular y metabólica. Sin embargo, su suplementación no siempre es necesaria y debe indicarse en situaciones específicas.

Se sabe que cuando una persona recibe suplementación de vitamina D y luego suspende el tratamiento, los niveles en sangre pueden volver al valor inicial aproximadamente en cuatro meses si no se mantienen otras fuentes de aporte.

Una forma natural de sostener niveles adecuados es la exposición solar. En regiones cercanas al trópico, unos 7 minutos diarios de exposición al sol pueden ayudar a mantener la vitamina D dentro de rangos adecuados.

¿En qué pacientes se recomienda suplementar vitamina D?

Pacientes oncológicos
Especialmente aquellos con cáncer de buen pronóstico y supervivencia mayor a cuatro años, sobre todo si presentan baja exposición solar o han sido sometidos a cirugía gastrointestinal que puede generar malabsorción.

Adultos mayores con sarcopenia
Personas con pérdida leve o moderada de masa y fuerza muscular y niveles de vitamina D menores a 20 ng/ml. En estos casos, la suplementación puede mejorar la funcionalidad física.

Embarazadas con alto riesgo
La suplementación puede considerarse cuando existe riesgo de preeclampsia, particularmente en mujeres con obesidad, hipertensión crónica, diabetes o niveles de vitamina D menores a 20 ng/ml.

Pacientes con alto riesgo cardiovascular
En personas con factores de riesgo cardiovascular y niveles de vitamina D por debajo de 20 ng/ml, la suplementación podría aportar beneficios modestos en algunos desenlaces clínicos.

Adultos mayores institucionalizados
En mayores de 70 años con deficiencia severa de vitamina D (menos de 12 ng/ml), se recomienda la suplementación con vitamina D combinada con calcio para reducir el riesgo de fracturas, especialmente de cadera.

Condiciones clínicas específicas
También se recomienda en enfermedades como osteoporosis, raquitismo, osteomalacia o hiperparatiroidismo secundario, donde contribuye a optimizar el tratamiento y mejorar la salud ósea.

Educación médica basada en evidencia. No reemplaza la consulta médica.



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